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Cómo Pepararnos para el futuro del trabajo (¿y para el trabajo del futuro?)


Mecanógrafo, paragüero y ascensorista están fuera de carrera. En su lugar proliferan desarrollador web, operador de dron, YouTuber, docente de zumba y barbero (versión reinventada). Además, se vienen nuevos empleos: conócelos.

Vivimos en un entorno que fue descripto como VICA: volátil, incierto, complejo y ambiguo. El camino es borroso, con dificultades que se incrementan, con situaciones dicotómicas y respuestas poco claras. Del mismo modo, observamos que los cambios se van produciendo cada vez más rápido, en todos lados, en todos los ámbitos, simultánea y constantemente.

Todo ello impacta en mundo laboral de manera directa.

Innumerables cantidades de trabajos que hace algunos años eran una gran oportunidad hoy se ven amenazados o han desaparecido: como operador telefónico, mecanógrafo, paragüero o ascensorista.

Del mismo modo, emergen múltiples opciones que hace poco tiempo hubieran sido inimaginables: desarrollador web, operador de dron, youtuber, profesor de zumba. Y algunos que parecían olvidados, resurgen: el caso del barbero.


Si bien no nos podemos adelantar al futuro puesto que no sabemos lo que va a ocurrir (menos cuando es VICA!), lo que sí podemos hacer es tomar ciertas decisiones respecto a lo que podría pasar en el futuro, de acuerdo a las tendencias que avizoran los especialistas.

Más allá de prestar atención a las potenciales profesiones que se crearán (como detective digital, modificador genético o diseñador de órganos), la estrategia más inteligente y de mayor potencial de realización es prepararnos en aquellas capacidades que trasciendan estos tiempos.


Si aprendemos a aprender, si desarrollamos tanto competencias “duras” -ciencia, tecnología, matemática, física- como “blandas” -comunicación, liderazgo, creatividad, empatía, innovación-, así como también las digitales -programación, experiencia del usuario digital, ciberseguridad, big data, manejo de la nube-, si tenemos capacidad de abrazar el cambio, si permanentemente ponemos en práctica nuestra curiosidad y ambición, si nos disponemos con una voluntad de aprendices ante el nuevo mundo, las probabilidades de éxito se incrementarán. Prepararse para el futuro es tomar decisiones anticipadamente. En principio, decidir que necesitaremos reinventarnos permanentemente y revisar nuestros axiomas.

No tengo dudas de que cuanto mayor sea el desafío tecnológico, más se acrecentará el valor de las personas. Muchos temen cuántos trabajos se van a perder con la tecnología y es parte de esta construcción del futuro que estamos viviendo. La tecnología sólo limita aquellos trabajos que son repetitivos y que no tienen ni pasión ni sentimiento, o un valor agregado sustancial. Pero, a su vez, la tecnología crea numerosos trabajos, genera innumerables oportunidades que ni siquiera imaginamos.

Debemos prepararnos y transformarnos permanentemente. Es clave que aprendamos a apasionarnos con lo que hacemos y adueñarnos de esa tecnología digital de crecimiento exponencial, inventar el futuro a partir de ella. La invitación es a desarrollar esa nueva actitud, una nueva manera de pensar, evolucionar hacia otros modelos mentales. Cambiar de paradigma.


El futuro nos pertenece. Ese futuro puede ser maravilloso. La tecnología es un facilitador y habilitador, no una máquina de impedir, ni de sustituir personas por robots. Depende de cada uno cuál será la marca que queramos dejar en el mundo de la tecnología digital exponencial.

Siempre habrá lugar para los hombres y las mujeres de este mundo, que se comprometan seria y profesionalmente con propuestas superadoras. El futuro es apasionante y si nos preparamos adecuadamente, podremos aprovechar la infinidad de oportunidades que se presentan.


Alejandro Melamed


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